Hacia el IoT universal y accesible para todos

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El Internet de las Cosas (IoT, en sus siglas en inglés) tiene un futuro brillante y, al mismo tiempo, algunos retos por delante. Las cifras son irrefutables: es el futuro de la industria de la conectividad. Todo tenderá a estar conectado y monitorizado con el objetivo de mejorar nuestra productividad y calidad de vida.

El reto, no obstante, está en la capacidad de las compañías para subirse al tren, cuyo destino no es otro que el del futuro más cercano. Está claro que las grandes multinacionales que han tenido la visión y la capacidad para invertir en ello serán quienes lideren esta transformación que ya ha empezado. Sin ir más lejos, Statista calcula que a día de hoy existen 26.440 millones de objetos conectados en todo el mundo, cifra que se multiplicará casi por tres en menos de seis años, ya que para 2025 habrá 74.440 objetos IoT a nivel global.

Estados Unidos y China liderarán el gasto este año 2019, con 194.000 y 182.000 millones de dólares, respectivamente, por delante de potencias económicas y tecnológicas como Japón, Alemania o Corea. España, por su parte, es el quinto país europeo que más invierte en esta tecnología, pero sus desarrolladores todavía se encuentran numerosas dificultades, siendo una de las más importantes los costes de desarrollo y el time to market.

El alto costo que tienen que asumir las empresas para desarrollar soluciones IoT está suponiendo un problema en el desarrollo de esta tecnología. Los periodos de investigación y desarrollo se alargan y el precio final del dispositivo se dispara. Según la encuesta “Igniting Growth in Consumer Technology” de Accenture, el coste es el primer problema (para un 62% de los encuestados) a la hora de adoptar IoT.

A esto se une una falta de estándares claros en la industria que faciliten las cosas a las empresas, a la hora de desarrollar soluciones IoT, ya hablemos de dispositivos para el cuidado de la salud o monitorizar el material de oficina.

Si no conseguimos solucionar estos problemas, el IoT no terminará de despegar. No de forma universal, al menos. Pensemos, por ejemplo, en las miles de startups que nacen cada año y que podrían beneficiarse de esta tecnología, pero que no tienen el músculo necesario para desarrollar su propia solución. O una pyme que quiera hacer uso de sus beneficios, como un comercio, pero que no lo hace por los elevados costes y la dificultad de implementar la solución. Por no hablar de grandes compañías que ven en el IoT una oportunidad, pero no algo completamente estratégico y descartan aprovechar la tecnología.

Estas barreras no llevan a alarmantes cifras como las del reciente estudio de Bain & Company, “Digital Procurement: The Benefits Go Far Beyond Efficiency”, que revela que menos de un 10% de las compañías se han decantado ya por soluciones de compras que aprovechan tecnologías de big data, blockchain o Internet de las Cosas (IoT), entre otras.

Ante este panorama, el sector demanda soluciones modulares, flexibles y económicas, que se puedan asumir y adaptar rápidamente, reduciendo el ‘time to market’, los riesgos y el precio final. Coger el tren de la innovación en sectores tan cambiantes como el del e-commerce, los seguros, la salud, la movilidad o el delivery puede ser clave para el éxito o, incluso, la supervivencia de una compañía. Y conseguir democratizar el uso de tecnologías tan disruptivas como el IoT puede ser la llave del éxito que lo convierta en una realidad.

Ángel Sánchez / Geeksme