La próxima ola de riesgos cibernéticos será aún mayor que la actual, según el WEF

Y, avisa el organismo, los esfuerzos que está haciendo la industria serán insuficientes para contenerlos.

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Los ciberataques dirigidos a los teletrabajadores, a sistemas hospitalarios y a instituciones financieras que tanto han repuntado durante la crisis de la COVID-19 no tendrán continuidad en los próximos tiempos, una vez acabada la pandemia. Sin embargo, y según un estudio de The Future Series Report, y que ha sido debatido por el Foro Económico Mundial (WEF, de sus siglas inglesas) la próxima ola de riesgos será todavía mayor y los esfuerzos que está haciendo la industria no serán suficientes para contenerlos.

El propio informe cita a la computación cuántica, la inteligencia artificial, los sistemas de identidad digital (como los pasaportes electrónicos) y la conectividad ubicua de dispositivos y redes como las tecnologías que están transformando los cimientos del ciberespacio y que llevarán a la industria de la ciberseguridad a un momento decisivo.

El propio jefe de ciberseguridad de la WEF ha asegurado que “hemos estado haciendo ciberseguridad de la misma manera durante los últimos 15 años y ya no va a funcionar. Los cibercriminales del futuro podrán explotar fácilmente estas tecnologías emergentes y nuestra creciente interconectividad a una escala nunca antes vista. La buena noticia es que existen formas de proteger nuestros datos personales, mitigar el impacto en el comercio y la seguridad globales y garantizar que nuestra sociedad no sufra otro impacto”.

Por su parte, la profesora de la Universidad de Oxford, Sadie Creese, ha apuntado la probabilidad de riesgos cibernéticos sistémicos y un posible déficit de resiliencia si no se toman medidas. Y, es que, según el WEF, la gestión de los riesgos requerirá que las empresas y las empresas y los gobiernos aborden la necesidad de implantar nuevas herramientas de ciberseguridad, la creación de intervenciones políticas que incentiven la colaboración y la toma de liderazgo para planificar de manera más estratégica los riesgos emergentes para que las infraestructuras críticas no fallen.

IDG.es