La evolución tecnológica ha transformado las metodologías utilizadas por los agresores para contactar y captar a niños y adolescentes en entornos virtuales.
De acuerdo con un análisis desarrollado por la iniciativa Digipadres de la firma de seguridad informática ESET, las tácticas de acoso digital se han desplazado de las redes sociales tradicionales hacia plataformas de uso cotidiano, tales como videojuegos multijugador, servidores comunitarios y aplicaciones de mensajería directa.
Este fenómeno se caracteriza por un proceso en el cual un adulto establece una relación deliberada con un menor para ganarse su confianza antes de proceder a la explotación o al abuso. La incorporación de herramientas avanzadas, como los sistemas de inteligencia artificial, facilita a los acosadores la creación de perfiles falsos y la simulación de identidades adaptadas al lenguaje e intereses de las víctimas. Pese a estos avances técnicos, la estrategia psicológica mantiene el patrón de explotar la necesidad de atención, pertenencia y afecto de los menores.
El investigador de seguridad informática de ESET Latinoamérica, Mario Micucci, señaló que la inmediatez del ámbito digital permite a los agresores contactar a múltiples víctimas de forma simultánea desde su hogar, superando las barreras geográficas del acoso tradicional. El especialista enfatizó que el proceso de captación no inicia habitualmente con contenido explícito, sino a través de un esquema paulatino que incluye el interés simulado, la validación emocional, la migración de la charla hacia canales privados cifrados y la exigencia de secretismo frente al entorno familiar.
Las advertencias formuladas por la compañía coinciden con reportes internacionales de organismos dedicados a la protección infantil. Datos del Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados de Estados Unidos (NCMEC) y de la red de vigilancia de UNICEF destacan que las denuncias por explotación sexual infantil en línea han registrado un incremento sostenido a escala global, impulsado principalmente por el uso no supervisado de funciones de chat integradas en entornos de juego masivo. Ante este escenario, los analistas de ciberseguridad señalan que las soluciones puramente técnicas resultan insuficientes sin un acompañamiento activo por parte de los cuidadores, orientado a fomentar el pensamiento crítico y la confianza para reportar interacciones sospechosas.
Fuente: ESET









































