¿La privacidad y la forma de almacenar los datos de la Web3 podrán empoderar a la sociedad?

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De la Web1 a la Web2, hemos avanzado mucho en la descentralización de los datos, permitiendo a los usuarios crear contenidos y compartirlos a través de los sitios web. Ahí es donde se acaba el problema, ya que los usuarios no son dueños ni controlan sus datos. Además, como las grandes empresas tecnológicas dirigen la mayor parte de la Web2, los usuarios no saben lo que es la verdadera privacidad y la propiedad.

La Web3 cambia el juego. Da a los usuarios acceso a una Internet abierta, sin confianza y sin permisos, en la que tienen que confiar en estas empresas o comprometer la propiedad y la privacidad de los datos. La evolución de la privacidad y el almacenamiento desde la Web1 a la Web3 ha sido enorme. La Web3 podría empoderar a la sociedad devolviendo el control a los usuarios. He aquí cómo:

De la Web1 a la Web3: la evolución de la privacidad y el almacenamiento de datos
En sus inicios, la web era un medio principalmente estático. La Web1 introdujo los sitios web, una innovación revolucionaria que ofrecía un nuevo y potente medio para consumir contenidos. Sin embargo, sólo permitía la comunicación unidireccional, que era la principal limitación. Los usuarios sólo podían consumir contenidos en estos sitios web, no crear ni contribuir, lo que hacía que la Web1 no fuera colaborativa y fuera un poco aburrida en comparación con la actual.

Además, Web1 estaba muy centralizada. Los creadores controlaban el sitio web, el almacenamiento de datos e incluso las comunicaciones o transmisiones de datos. En consecuencia, los usuarios no desempeñaban un papel importante en la Web1 y eran meros participantes que consumían contenidos en la web pero no tenían propiedad ni derechos.

Hacia la participación de los usuarios
Actualmente nos encontramos en la Web2. Al menos teóricamente, en esta fase el enfoque se ha desplazado hacia la participación del usuario, que es una de sus mayores ventajas. Los usuarios no se limitan a leer datos en esta versión, sino que también pueden escribir. Por ejemplo, pueden crear blogs, vídeos tutoriales y mucho más. Pero aquí hay una trampa, ya que hay limitaciones en lo que los usuarios pueden hacer.

Los usuarios tienen un ámbito creativo más amplio en la Web2. Pueden poblar sitios web personalizados e interactuar con todas las formas de datos, lo que permite soluciones y servicios impensables en la Web1. Sin embargo, las grandes empresas tecnológicas son las propietarias y administradoras de los servidores que alojan y almacenan esos datos. En otras palabras, los usuarios pueden ahora crear y aportar datos a la web, pero no controlarlos. Así, las comunicaciones y el almacenamiento en la web siguen estando muy centralizados.

Poder compartir contenidos y generar datos en la web es una ventaja, pero no garantiza la propiedad. La web2 es un servicio con términos y condiciones. Y las grandes empresas tecnológicas determinan estos términos en última instancia, ejerciendo un control absoluto. Tanto es así que los usuarios no pueden utilizar la web sin aceptar dichos términos, consciente o inconscientemente. Como mencionamos en nuestro informe anterior, nos estamos dando cuenta tarde de la importancia de la privacidad en Internet y nuestros portapapeles, preferencias y actividades de navegación se envían a innumerables sitios web y se venden sin mucha participación por nuestra parte.

Hacia la descentralización
Web3 es la tierra prometida. Resuelve los problemas de centralización del almacenamiento de datos y la comunicación. La Web2 inició el camino hacia la descentralización, pero acabó fomentando formas de centralización peores que la Web1.

Para reiterar, los usuarios no controlaban ni eran dueños de los datos que producían. Además, la web centralizada también propicia la censura y la desplomatización. Y en su conjunto, las grandes empresas tecnológicas explotan gravemente a los usuarios finales para maximizar sus beneficios. Ahora la pregunta es: ¿qué tiene de diferente la Web3?

La descentralización. Web3 devuelve el control de los datos a los usuarios, que siguen estando a cargo del almacenamiento y la comunicación. Los sitios web de esta versión de la web centrada en el usuario se ejecutan en redes de cadenas de bloques, sustituyendo los servidores únicos (centralizados) por miles de ordenadores distribuidos globalmente (nodos). En lugar de procesos y canales heredados, interactúan con los usuarios finales a través de aplicaciones descentralizadas o dApps.

La mayoría de las dApps están genuinamente gobernadas por la comunidad y no son custodiadas. Así, los usuarios pueden experimentar la propiedad real y significativa de sus datos, con derechos de propiedad intelectual asegurados por algoritmos. Además, la cadena de bloques (blockchain) subyacente facilita las comunicaciones transparentes al tiempo que prioriza la privacidad mediante el cifrado criptográfico.

La censura también es casi imposible, ya que los contratos inteligentes ejecutan automáticamente los procesos de la web en función de activadores y condiciones predefinidas sin interferencia humana. Este enfoque también garantiza una equidad óptima.

Web3: La privacidad y el almacenamiento de datos no son lujos
A medida que las dApps sustituyen a los sitios web centralizados, los usuarios pueden recuperar su privacidad y la capacidad de almacenar datos. Las interacciones entre usuarios de Web3 son confidenciales y anónimas, tanto en principio como en la práctica. Todo esto permite a los individuos realizar su auto-soberanía y estar tranquilos sobre la seguridad de su información privada.

La Web3 aún no ha llegado del todo, pero avanzamos con paso firme hacia un mundo digital en el que la privacidad y la propiedad son un derecho, no un lujo. El reto ahora es garantizar la solidez de la infraestructura clave. Por un lado, las dApps tienen que ser óptimamente funcionales, incorporando a las masas y proporcionando sus servicios a escala.

Sin embargo, pronto lo conseguiremos, gracias a las numerosas comunidades prolíficas e innovadoras del sector. El impacto social de la Web3 empodera a los individuos a un nivel fundamental. Y al garantizar la privacidad y la propiedad a este nivel, podemos llegar a establecerlas como norma para las interacciones entre humanos y entre máquinas. La Web3 es realmente el futuro que los usuarios merecen, el futuro que es ahora.

CambioDigital Online | Fuente WEB

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