La activista estadounidense Erin Brockovich, cuya historia inspiró la película de Steven Soderbergh que le valió un Oscar a Julia Roberts, inició una nueva campaña pública orientada al sector tecnológico.
A través de una plataforma digital, la defensora ambiental comenzó a rastrear los proyectos de centros de datos en todo Estados Unidos, impulsados por el auge de la Inteligencia Artificial. La iniciativa surge ante el descontento de diversas comunidades locales por el alto consumo de recursos de estas instalaciones.
El debate público en torno a la IA se concentró durante años en temas como la privacidad, los derechos de autor, el desplazamiento laboral y la desinformación. Sin embargo, la infraestructura física necesaria para sostener esta tecnología está generando una creciente resistencia vecinal debido a su huella ambiental. Ante este panorama, el sitio web brockovichdatacenter.com invita a los ciudadanos a reportar plantas operativas, complejos en construcción o proyectos en fase de aprobación para consolidar un mapa interactivo de la situación nacional.
La plataforma registra por el momento una parte minoritaria de los cientos de centros de datos que se estima están planificados en el país. El objetivo principal del proyecto es visibilizar el avance de la infraestructura tecnológica y exigir prácticas más sostenibles, seguras y eficientes. En el portal se habilitó un espacio para que los residentes compartan testimonios y fotografías sobre los efectos directos en sus localidades.
Brockovich adquirió notoriedad internacional a principios de la década de 1990 como asistente legal independiente, cuando ayudó a estructurar la demanda colectiva contra la empresa Pacific Gas & Electric por la contaminación del agua subterránea en Hinkley, California. Aquel proceso concluyó con una indemnización de US$ 333 millones para los afectados. Ahora, enfoca su labor en las instalaciones que sustentan las redes en la nube y los modelos avanzados de IA.
De acuerdo con datos de la organización Data Center Watch, las manifestaciones de rechazo y las protestas comunitarias contra estas infraestructuras crecieron un 125% durante el año anterior. Esta oposición a nivel local y municipal logró paralizar temporalmente o frenar de manera definitiva proyectos cuyo valor estimado en conjunto rondaba los US$ 98.000 millones, reflejando un cambio en la percepción social sobre el costo físico del desarrollo digital.
Fuente: Web. Editada por CDOL.








































