La academia lo repite: “Votaciones públicas usando Internet es mala idea” (Parte 4)

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En las tres entregas previas de esta serie describimos una reciente declaración en un Blog asociado a la universidad de Princeton, donde respetables investigadores en criptografía y seguridad cibernética declararon que “Votar por Internet es inseguro y ello no debe ser usado para elecciones públicas”.

En esta oportunidad vamos a cerrar esta serie, exponiendo algunas ideas esenciales que soportan la votación electrónica, incorpórese o no la Internet como medio de comunicación y transmisión de datos electorales.

Lo primero que deseamos presentar es que cualquier Sistema Electrónico Digital de Votación (SEDV) se construye bajo una concepción lógica que define su estructura y funcionamiento. En términos simple, construir demanda establecer un conjunto de premisas, que se presume se darán y elaborar una representación lógica del futuro sistema. En términos técnicos esto es generar un modelo que definirá por adelantado al sistema y reflejará muchas funcionalidades y limitaciones que se derivarán de esa concepción. Los procesos y procedimientos de operación que finalmente se asocien con el SEDV, ya construido, se verán afectados por esa estructura lógica subyacente.

Veamos un caso que ilustra algunas implicaciones de todo esto. Hace cerca de tres meses el Servicio Postal de Suiza sufrió un bochorno con una votación electrónica en el exterior de esa nación, al perder más de 2000 votos de ese país, provenientes de residentes que estaban en la ciudad china de Cantón. Después de investigar, la declaración oficial estableció que la falla fue producto de problemas de almacenamiento en memorias USB o memorias “flash”, que no pudieron ser desencriptadas. Eso quiere decir que la causa raíz del inconveniente se asoció con la calidad del almacenamiento temporal de naturaleza extraíble, no con el sistema de votación en si. En términos sencillos, la falla fue producida por la protección del Hardware removible para guardar los votos.

Por otra parte, bajo el modelo subyacente del sistema referido, es el Servicio Postal de Suiza quien estába autorizado para gestionar todos los votos. Ello conduce a que pensar que también tenía la potestad para enfrentar y decidir ante ese tipo de problemas. Entonces, dado que el Servicio Postal no logró abrir la protección para extraer y contabilizar los votos, se puede suponer que no pudo acceder a los mismos. En consecuencia, no fue capaz de incluirlos en la suma. De manera que debió haber contemplado las situaciones de anular la elección o repetir únicamente la elección en Cantón. Esto plantea la pregunta: ¿Cuán seria es la incidencia de la ausencia de esos votos en el resultado total? La respuesta es simple, la matemática permite responder eso con solidez.

La ciencia estadística permite estimar, confiablemente, si los 2000 votos pueden hacer diferencia y definir la elección. Puede que el servicio postal suizo haya acudido a ese respaldo, pero algunos ciudadanos en Cantón no comprendieron eso y quedaron inconformes. Así que la ciencia revela que es posible tener un margen de maniobra que otorge tranquilidad a la ciudadanía y no se deba acudir a medidas extremas o costosas para llegar a la verdad. Debemos insistir en que la matemática es la estrella protagonista y es que por su naturaleza misma, es un instrumento basado en reglas, para nada sacadas de la manga, donde se minimiza la participación humana sobre el resultado. De forma que el pronunciamiento puede ser cotejado por diferentes sujetos, incluso con intereses opuestos entre ellos.

Allí radica lo bueno de tener mecanismos que se acercan a la objetividad de expresiones y pronunciamientos, sin importar si lo dice el doctor X o el doctor Y. Eso ocurre ya que la aproximación, con rigurosa estructura lógica-deductiva o lógica-inductiva, es el núcleo del piso firme que se construye. Aquí no es una interpretación de un gobierno la que se impone, local o extranjero, tampoco es la creencia mayoritaria de la gente la que dictamina un resultado por encima de otros. Con las matemáticas a la verdad se llega por una secuencia comprobable de pasos, que se conforman sobre reglas universales y conocidas. Su aplicación puede examinarse, operación tras operación bajo múltiples, diversas y hasta opuestas verificaciones. Y hay algo que la hace aún más firme, a diferencia de otras ciencias, donde una teoría aceptada puede modificarse o descartarse años o siglos más tarde, un teorema formal y correctamente demostrado es casi imposible de rechazar por futuros descubrimientos.

Lamentablemente, la mayoría de la gente aborrece hacer el esfuerzo que la matemática demanda y quedan sujetos al vaivén de lo que les llega por los medios masivos, redes sociales o comunicaciones personales. Así que al final son ciertos profesionales los que pueden comprender si un resultado es fuerte o cuestionable. Colateralmente, los computadores son las máquinas que aplican la matemática y se programan para automatizar esa labor. Si se verifica su correcto funcionamiento, se puede tener confianza en lo que procesan. Nuevamente, los conocimientos sólidos de esta área también tienen piso matemático y electrónico, por lo que son algunos especialistas en estos temas los que realmente comprenden bien el proceso que conduce a un resultado.

De manera que para poder sostener que una contabilidad es incorrecta, resulta necesario poder explicar como es que todas las capas de funciones matemáticas han sido trastocadas. Algo difícil de lograr si no se conoce a profundidad como opera esa misma matemática y además, no se comprende cómo es que se automatiza todo ese procesamiento. Toma tiempo comprender cómo es que se entrelazan todas las capas de tecnología con un mismo propósito; desde un flujo de electrones hasta una cifra que se muestra sobre una pantalla LED, LCD u OLED. Y si se emplea la palabra “fraude”, bajo un enfoque jurídico, se abre paso a una complicación mayor, demostrar una intencionalidad o confabulación para alterar algo. Nuevamente debemos aclarar que con la matemática las demostraciones son formales, rigurosas y se sustentan con reglas científicas. No sirve las primeras impresiones o lo que luce correcto, incluso si muchos piensan lo mismo. Esto no es asunto de tendencia, hacerlo viral o recibir muchos “likes”. Es sobre lo que se puede probar jurídicamente.

Esta complicación deja un enorme espacio fértil para que charlatanes y vivianes se aprovechen de la opinión pública. Nos resulta odioso señalar que abundan los que desinforman, sea por ignorancia o intencionalmente. Y es que frente a una pérdida electoral, hecha con soporte electrónico, es común que el derrotado cuestione alegremente el resultado. Y lo más peligroso son aquellas exhibiciones que incluyen medias verdades, pues es común que mucha gente no reconocerá la debilidad de la argumentación. No todos pueden reconocer, apropiadamente, cuánta incidencia en el resultado final tiene perder 2000 votos. De modo que un problema así puede ser suficiente para descalificar una elección entera por una opinión sin base científica. Lamentablemente, abundan casos donde la comunicación y no la matemática, terminaron inclinando la opinión pública.

La verdad es que cualquier declaración de trampa, fraude o error debería incorporar elementos sólidos, verificables y auténticos, de índole algebraico, para poder ser tomado en cuenta. Lo demás pertenece al mundo de las fantasías o elucubraciones, pues aquí los juicios son cuantitativos y el recorrido matemático valida su expresión. Ahora bien, para la gran mayoría un SEDV es como una máquina mágica, así que algunas dudas también pueden ser ilusiones o engaños. No hay un piso lógico para discurrir o descubrir. Eso explica que alguien pueda presentar lo que en el mundo académico se denomina como un “cisne negro”, un evento altamente improbable de encontrar, más la mayoría lo acepte como fácilmente creíble. Casi siempre, la reputación o simpatía del presentador, es lo que determina la validez de lo expuesto. No la verdad.

De manera que es común que ante usted se aparezca alguien asegurando cosas tan absurdas como que posee evidencias irrefutables en la mano y bien podría sostener un conjunto de copias de actas de escrutinio impreso, argumentando un fraude electoral pero que el mismo no pueda explicar, matemáticamente, como opera un Código de Autenticación de Mensaje. O peor aún, que entre en rabia si usted duda de lo que él le está contando. Y hasta podría acontecer una ruptura completa de entedimiento, si al sujeto se le pregunta que significa que una “función hash” tenga la cualidad de resistencia a la segunda preimagen y como es muy posible que ocurra, el denunciante no pueda responder bien. Ahora bien, si su interlocutor responde calmada y adecuadamente cada una de sus preguntas, entonces préstele completa atención. En términos bíblicos esto significa que juzgue por los frutos que le dan.

Lo cierto es que para dar un verdadero debate técnico sobre irregularidades, obligatoriamente hay que adentrarse en el álgebra medular que opera adentro del SEDV. También debe explicarse cómo en la práctica operó el supuesto desvío, algo que a menudo exige reproducir experimentalmente acciones ocurridas. A su vez estas se derivan de una línea de tiempo revelada tras la recopilación y colección de evidencias. Así es como se deben hacer las cosas en el ámbito forense de los SEDV. Los sistemas tienen trazas y la matemática resguarda esos rastros para dificultar que fácilmente se puedan alterar. El transcurso del tiempo, las sincronizaciones de partes e interacciones de sistemas, terminan de conformar el tejido técnico que muestra cuando algo estuvo bien o es atípico. Así pues, es la combinación de operaciones numéricas, con la reproducción de acciones no permitidas en el procesamiento electoral, lo que si conduce a cuestionar de verdad el producto final que se obtuvo.

Lamentablemente cuando la pasión política enmarca la disputa, cualquiera que intente racionalmente poner las cosas en su lugar y no vaya en la línea de la gente emocionada, puede ser visto con desconfianza y hasta tal vez llegue a ser agredido con insultos, descalificaciones o amenazas físicas. Por eso, muchos conocedores de verdad, se abstienen de declarar y la realidad queda reducida a foros selectos de individuos, que si pueden discutir con base científica. Esos grupos minúsculos son capaces de expresar sus posturas con expresiones algebraicas y a veces no les resulta fácil traducir esas complejidades a la sociedad entera. En esta serie de escritos hemos advertido las principales amenazas sobre una votación pública que use la Internet como forma de comunicación entre los electores y la totalización. El propósito es acercar la verdad tecnológica a la gente, poner un granito de ciencia al alcance de muchos para que contribuya a iluminar en algo a la sociedad.

Pero queremos dejar claro que describir potenciales peligros, no es igual que demostrar que un SEDV ha producido un resultado falso. Son dos cosas diferentes y existe un abismo que los separa. La segunda exige un trabajo elaborado, profundo y muy especializado que no se improvisa, ni resulta fácil de revelar. Por lo tanto, es ideal que revise sus creencias y eleve su suspicacia ante cualquiera que le describa sistemas tecnológicos inviolables o le cuente sobre fraudes masivos sobre ellos. Tal vez sea ideal que tenga en mente al gran matemático Georg Cantor, uno de los padres de la matemática moderna y quien nos ilustró sobre la diversidad de infinitos. Ese sabio también nos legó notables enseñanzas y en cierta ocasión expresó: “Una conclusión errónea, una vez alcanzada y ampliamente aceptada, no es fácil de erradicar, y cuanto menos se comprende, con más tenacidad se mantiene”.

Autor: Miguel Torrealba Sánchez.
Universidad Simón Bolívar
Departamento de Computación y Tecnología de la Información
mtorrealba@usb.ve

 

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