Drones, perros y cámaras térmicas: así se buscó a los sobrevivientes bajo los escombros

Tecnología e inteligencia artificial se suman a las labores de rescate tras el doble terremoto en Venezuela. Modelos de visión artificial y análisis geoespacial ayudaron a priorizar las zonas de inspección mientras los equipos USAR, trabajaban entre los escombros.

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Simulación de IA

El doble terremoto que sacudió la costa venezolana el 24 de junio de 2026, con magnitudes de 7.2 y 7.5 separadas por apenas 39 segundos, desató una de las mayores movilizaciones internacionales de tecnología de rescate registradas en la región en años recientes.

Además de perros rastreadores, maquinaria pesada y miles de rescatistas desplegados desde más de veinte países, la respuesta a la emergencia incorporó de forma intensiva sistemas de inteligencia artificial, drones, imágenes satelitales y redes de sensores instalados en teléfonos móviles, en un esfuerzo conjunto entre agencias espaciales, compañías tecnológicas y brigadas especializadas en búsqueda y rescate urbano (USAR, por sus siglas en inglés).

Uno de los desarrollos más comentados fue el papel que jugó el Sistema de Alertas de Terremotos de Google, integrado en los teléfonos Android. Esta herramienta convierte a millones de dispositivos en una red distribuida de pequeños sismógrafos: el sistema emplea los acelerómetros de los teléfonos —sensores internos que identifican la orientación y el movimiento del dispositivo— para detectar la onda «P», la señal sísmica inicial.

Cuando varios equipos cercanos registran vibraciones compatibles, el móvil envía un reporte a los servidores de Google; al comparar información de diversos dispositivos, el sistema confirma la presencia de un terremoto y determina su ubicación y magnitud. El objetivo es advertir a la población antes de que llegue la onda «S», responsable de la mayoría de los daños estructurales.

En el caso venezolano, el sistema alertó a los usuarios entre tres y cinco segundos antes de que el temblor fuera perceptible, un margen que, aunque breve, permitió a algunas personas alejarse de ventanas o buscar refugio. Cabe destacar que, a diferencia de otros países de la región, Venezuela depende de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) para monitorear la actividad sísmica, un organismo que registra magnitud y localización una vez ocurrido el movimiento, pero que no cuenta con un sistema propio de aviso preventivo, lo cual explica por qué la notificación de una empresa privada terminó supliendo, de manera parcial, una función que en otros países corresponde al Estado.

Mientras tanto, otra carrera tecnológica se libró desde el espacio para orientar a los equipos sobre el terreno. La NASA activó su programa de respuesta a desastres junto a investigadores de la Universidad Estatal de Oregón, con la misión de analizar imágenes de radar tomadas antes y después del sismo para detectar cambios bruscos en el terreno y en las edificaciones. Gracias a ese análisis, los científicos estimaron que cerca de 59.000 edificios podrían haber sufrido daños o haber quedado destruidos, una cifra preliminar que sirvió para orientar las primeras labores de respuesta.

A esa capacidad de observación se sumaron los satélites Sentinel-1, gestionados por la Unión Europea y la Agencia Espacial Europea, que proporcionan imágenes de radar de alta resolución capaces de medir desplazamientos del terreno de apenas unos centímetros y detectar edificios que cambiaron de forma tras el terremoto.

Esa información sirvió como insumo para los modelos de inteligencia artificial desarrollados por el laboratorio AI for Good de Microsoft, capaces de analizar automáticamente miles de imágenes satelitales para clasificar edificios según la probabilidad de haber sufrido daños, lo que permitió establecer prioridades y señalar qué barrios convenía inspeccionar primero, en lugar de sustituir a los equipos sobre el terreno. Los resultados de ese análisis se canalizaron a través del Centro de Datos Humanitarios de Naciones Unidas, una plataforma de acceso casi inmediato para gobiernos, organizaciones no gubernamentales y equipos de rescate.

Sobre el terreno, en el estado La Guaira —la región más golpeada, con cerca de doscientos edificios colapsados por completo—, el trabajo de localización de sobrevivientes recayó en una combinación de tecnología aérea, sensores acústicos y unidades caninas.

Rescatistas mexicanos de la Brigada Topos Tlatelolco recurrieron a un dron con visión de 360 grados para mapear el área e identificar las formas de acceso más adecuadas, junto con cámaras de búsqueda térmica que pudieron introducirse en huecos de difícil acceso, aprovechando que el calor corporal de una persona atrapada calienta los escombros a su alrededor.

Por su parte, la empresa israelí XTEND desplegó junto a Los Topos sus sistemas Honey Badger y XTENDER, drones diseñados para operar tanto en espacios abiertos como en interiores, túneles, escaleras y áreas subterráneas, donde uno permitió observar desde el exterior y mapear el terreno urbano, mientras el otro ingresó a espacios reducidos para reconocer rutas, detectar obstáculos y ofrecer a los operadores una imagen más clara de lo que ocurría bajo los escombros.

A esa instrumentación aérea se sumaron los dispositivos de escucha bajo escombros. Según explicó a la BBC Lee Ivory, coordinador adjunto de UK International Search and Rescue, los perros de búsqueda entrenados son capaces de identificar el olor de una persona incluso enterrada bajo hasta diez metros de escombros, y cuando la detectan emiten un ladrido fuerte y sostenido para alertar a los equipos. Estas unidades caninas trabajaron en conjunto con cámaras técnicas de forma alargada, que suelen tener forma de dispositivos pequeños acoplados al extremo de varas largas y, en algunos modelos, ofrecen una visión de 360 grados que puede grabarse y visualizarse en otro dispositivo, permitiendo además que los rescatistas hablaran directamente con posibles sobrevivientes atrapados.

El componente militar de la respuesta también incorporó tecnología de inteligencia geoespacial. El general Francis Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, explicó que las unidades desplegadas —más de 900 efectivos, apoyados por cinco drones y una célula de análisis con base en Miami— utilizaron capacidades habitualmente reservadas al monitoreo de amenazas regionales para fines humanitarios: «Estamos utilizando algunos de los mismos recursos que podríamos usar para rastrear amenazas hemisféricas para ahora asegurarnos de que las carreteras estén abiertas y de que sepamos dónde están los edificios dañados», señaló el comandante.

El conjunto de estas herramientas —satélites, visión artificial, drones autónomos, redes de sensores en teléfonos móviles y unidades caninas asistidas con cámaras térmicas— no sustituyó el trabajo humano, pero sí permitió acelerar decisiones críticas en un contexto donde la infraestructura de emergencia del país ya arrastraba limitaciones previas.

Especialistas coinciden en que estos sistemas actúan como una capa complementaria de información, y no como un reemplazo de los protocolos tradicionales de protección civil ni de la experiencia acumulada por las brigadas de rescate internacional, cuya coordinación en terreno siguió siendo, en última instancia, el factor determinante para cada rescate con vida logrado entre los escombros.

CDOL

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