Las redes sociales se llenan de rostros creados por IA que abaratan la publicidad y desafían a los creadores humanos

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Imagen creada con Gemini IA.

Las plataformas digitales registran una presencia cada vez mayor de actores artificiales dedicados a la promoción de diversos bienes y servicios. Esta tendencia hacia el uso de creadores generados mediante IA, analizada en una reciente investigación del diario británico The Guardian, demuestra cómo el empleo de avatares interactivos de alto realismo permite a las corporaciones simular opiniones y valoraciones estéticas idénticas a las de los usuarios comunes.

Esta estrategia no solo multiplica el volumen de campañas simultáneas en el mercado, sino que también genera un ahorro drástico en los presupuestos publicitarios, aunque con frecuencia se evita informar al público que los protagonistas de los anuncios no existen en el mundo real.

Esta dinámica comercial experimentará una transformación profunda a partir del 2 de agosto de 2026, fecha en la que comenzará a aplicarse de forma estricta la ley de inteligencia artificial de la Unión Europea, conocida como AI Act. La normativa internacional introduce la obligación legal de etiquetar con absoluta claridad todo material audiovisual que haya sido creado o modificado a través de sistemas automatizados de IA. Los expertos en entornos digitales señalan que la utilización de figuras virtuales constituye una opción creativa legítima, siempre y cuando se garantice la transparencia necesaria para que cualquier ciudadano pueda distinguir si observa un personaje de diseño informático o un testimonio humano verídico.

La sustitución del factor humano por el diseño algorítmico
El informe detalla la proliferación de perfiles simulados por ordenador que ejercen como embajadores de firmas de diseño, artículos de decoración y cosméticos de alta gama. El fenómeno ha impulsado la aparición de agencias comerciales dedicadas en exclusiva a este sector, cuyas estimaciones sugieren que entre el 40% y el 60% del contenido que las grandes corporaciones difunden en sus canales oficiales proviene de herramientas de software avanzado. Los responsables de estas agencias sostienen que el mercado publicitario busca mitigar los inconvenientes asociados a los intermediarios reales, tales como los conflictos de reputación, las posturas ideológicas personales, las tarifas por horas y los costos de producción fotográfica.

Un referente consolidado de esta vertiente es el perfil de Lil Miquela, una figura virtual que acumula millones de seguidores y que ha suscrito contratos de patrocinio con firmas de prestigio internacional como Prada, Calvin Klein, Dior y Chanel. El personaje aparece en entornos fotográficos reales vistiendo las colecciones de temporada e incluso ha desarrollado una trayectoria en el ámbito musical con la publicación de canciones en plataformas de reproducción digital. Esta evolución plantea serios interrogantes sobre la protección de los consumidores, dado que la simulación de experiencias de uso que jamás ocurrieron en la realidad amenaza con debilitar la confianza colectiva construida por las marcas durante años.

El reto de la regulación y el impacto financiero
La urgencia de una normativa clara se apoya en las mediciones de la organización de consumidores Which?, cuyas métricas reflejan que el 70% de las personas es incapaz de diferenciar entre una publicación real y un contenido desarrollado por inteligencia artificial de forma automatizada. Los analistas sectoriales advierten de que el propósito de las leyes no consiste en frenar el desarrollo técnico, sino en impedir que los sistemas corporativos diluyan la frontera de lo real, lo que podría derivar en escenarios de desinformación más complejos como los vídeos manipulados o deepfakes.

La mayor parte de los materiales bajo sospecha corresponden a inserciones publicitarias pagadas en redes sociales, un modelo de negocio que reporta altos beneficios económicos a las corporaciones tecnológicas. De acuerdo con los registros de la firma de análisis Juniper Research, las plataformas digitales generaron más de US$ 4.400 millones en ingresos derivados de publicidad engañosa durante el año pasado, una cifra global que incluye de manera directa las ganancias obtenidas por la difusión de contenidos patrocinados mediante IA sin la debida advertencia para los consumidores.

Fuente: Web. Editado por CDOL.

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