Aprendiendo de las fallas del protocolo de votación militar Merge

0
53

Al contrario de lo que muchos suponen, detectar inconsistencias, debilidades o fallas en sistemas digitales de votación o en protocolos electrónicos de elección, no es tarea trivial y a menudo exige trabajo en equipo, buena dedicación y disponer de bases matemáticas y de ciencias de la computación -postulado hecho sobre una afirmación expresada por Dorothy Denning en 1982-. Hace unas pocas semanas apareció un trabajo de evaluación serio, sobre una reciente propuesta de votación con soporte de Internet, para las tropas militares de EEUU afuera de ese país. Ese sistema usa como credencial base una tarjeta de identificación militar, con un procesador de circuito integrado (Common Access Card), que identifica a cada sujeto y le da acceso a un kiosko digital, el cual se apoya en un protocolo denominada “Merge”.

Merge es un acrónimo de iniciales en inglés para el texto Comparación de Resultados Electrónicos con Evidencia Genuina- cuyo propósito principal es permitir el registro digital de cada voto y la transmisión del mismo sobre Internet, al igual que la elaboración de un comprobante en papel que finalmente se enviará por el correo tradicional. Previo a ese envío, un sistema informático específico y local, con jurisdicción para ello, recopila los comprobantes impresos de los kioskos de votación y se les aplica una auditoría de riesgos limitada, para emitir una evidencia de sumarización y de registro que acelere el tema del conteo de votos.

Ahora bien, las vulnerabilidades que han sido reconocidas tienen como centro fallas para mantener la privacidad del elector, reconteos innecesarios que pueden descartar votos por error y discrepancias con leyes internas de la nación estadounidense. La evaluación criticó seriamente la relación de confianza del diseño para conceder la validez del voto, con base a los tiempos estimados de servicios de la entrega física del comprobante, en especial si se asume que algunas de esas bases militares pueden estar en áreas hostiles. También se reconocieron problemas de complejidad por volumen, con bases de datos de electores y certificados de identidad que deben registrarse en los kioskos. Suficientes aspectos técnicos y jurídicos como para rechazar la propuesta de la Agencia de Proyectos de Investigaciones Avanzadas de la Defensa, los mismos que crearon Internet.

Leyendo el trabajo académico de los investigadores de Princeton y California uno puede percibir lo difícil que es, sentenciar la correctitud de un sistema electrónico de votación y lo más difícil aún, acusar de trampa, engaño o fraude electoral a otro. Señalar con evidencia sólida, que pueda sostenerse en tribunales llenos de expertos y peritos, que desmotan banalidades y equivocaciones que verdaderamente no tengan sustento, es trabajo complejo y laborioso. Ahora, pronunciarse en los medios masivos de comunicación, es otra historia. Allí no será difícil encontrar un usuario común que relate algo que le luce extraño y generalizar una conclusión, para poner en entredicho un evento electoral. Incluso, no faltará algún docente universitario que sin ser un especialista del tema, se atreva a emitir juicio técnico con base a una o dos ideas simples, pero que a menudo pueden ser fácilmente refutadas.

Así por ejemplo, en los últimos años hemos vistos argumentaciones y explicaciones que rayan en lo ridículo, incluso en formato de artículos académicos. Trabajos que se presentan en foros académicos no especializados en el tema de la cibertecnología electoral, pero que llevan el remoquete de una investigación expuesta en alguna universidad o por personal de la misma. Eso puede ser desdibujado para que el ciudadano común crea que por tales condiciones, automáticamente lo presentado es un avance científico ante las más altas esferas de sabios de ese tema. Pero así no funciona la verdadera academia.

Cada trabajo tiene su valor y no debe ser descartado por prejuicios, pero hay foros, congresos y revistas con mayor o menor rigurosidad en su selección. Y sin entrar en profundidades, usted puede ser profesor de economía en la escuela de derecho de una universidad y ello es muy respetable y digno, seguramente nada trivial, pero eso no indica que una charla que presente en ese ámbito, dirido ante colegas especializados en lo legal y jurídico, sea igual de exigente, sobre su contenido, que lo expuesto en unas jornadas avanzadas de investigación de la escuela de economía, donde todos son estudiosos de la economia. O que pase por los mismos filtros que impone una revista arbitrada internacional, donde publican los más reconocidos economistas de todo el mundo.

Eso no es suficiente garantía de ciencia exacta, pero es un buen punto de partida, ya que con asombro hemos visto informes que pretendieron ser un reporte técnico forense, avalados por altas instancias universitarias pero que nunca pasaron por foros donde los verdaderos especialistas los hubiesen rebatido en segundos. Se trataron de maniobras “discutibles” o fallas de especialización, que puede que fueran pensadas para ganar espacio en los medios de comunicación masivos. Esto puede explicar que a veces uno se sorprenda de ver como un concepto básico, se desdibuja ante todo un país de tal modo que hasta en los propios espacios universitarios hay que aclararlos. Hay que romper esa realimentación falsa que confunde hasta a quienes están formándose para comprender el área.

Ello me ha ocurrido recientemente en una prestigiosa universidad venezolana, donde me llevó más de una clase, ante un curso de ciberseguridad, demostrar para qué verdaderamente se usa una “función hash” y cuáles son sus limitaciones. Casi que tuve que aplicar una operación de “lavado cerebral” sobre mis estudiantes de los últimos años de la carrera, para que corrigieran los disparates que a diario les llegan al respecto. Es tanta la cantidad de veces que escuchan las cosas al revés, que tienden a dudar de quien les diga lo contrario, aún en un púlpito universitario. Y es que en Internet usted puede afirmar que 2+2=5 y ello no es ilegal; hasta puede que consiga seguidores que le compren algún sofisma matemático que pretenda demostrar eso como verdad científica. Hace cuatro o cinco décadas era común encontrar esos juegos o retos algebraicos en carteleras, para retar a los que ingresaban en carreras de corte numérica. Hacer cada vez más difícil de identificar el error, le resultaba jocoso a ciertos grupos universitarios.

Y en temas donde realmente no abundan los especialistas, ahora esto resulta más agudo. En Internet abundan los “falsos expertos”. Puede que parezca increíble, pero antes de leer un libro universitario muchos estudiantes prefieren consultar la Wikipedia, un buscador con soporte de inteligencia artificial o una red social. Y cualquiera de esos nuevos modos, con frecuencia es inferior en rigurosidad académica que un buen texto universitario producto del largo trabajo de un docente, que ha repetido un curso por años y que ha afinado su obra, con la revisión atenta de sus estudiantes y otros colegas. Estoy consciente de que el punto es discutible, amplio y hasta relativo, pero como dificultad hace tiempo que está sucediendo.

Así pues, estudiando fracasos como el de “Merge” podemos ir cimentando un piso sólido para que aprendamos a emitir pronunciamientos técnicos con sustento real, ante una materia de tanta importancia como es la automatización del voto ciudadano. Se nos viene a la memoria un fragmento del libro “Ciencia de la Ciberseguridad Esencial” de Josiah Dykstra, quien en 2016 expresó:

“Tenga cuidado con las malas interpretaciones y la exageración de los hallazgos científicos. La cultura popular fue engañada en gran medida por la propaganda mediática sobre el “efecto Mozart”, que surgió a raíz de un artículo que mostraba que los estudiantes que escuchaban una sonata de Mozart obtenían mejores resultados en los exámenes.”

Autor:  Miguel Torrealba S.
Universidad Simón Bolívar
Departamento de Computación y Tecnología de la Información
mtorrealba@usb.ve

Custom Text
Artículo anteriorCampus Montalbán de la UCAB reconocido como el más «Ecosustentable de Venezuela», según el UI GreenMetric World 2024
Artículo siguienteGretta Ontiveros de Abside: “Lo importante del marketing es alinear el mensaje acorde a las nuevas audiencias”