El fenómeno de la desinformación en el entorno digital de América Latina expone una brecha crítica entre el conocimiento teórico de las noticias falsas y la capacidad real de los usuarios para identificarlas en la práctica diaria.
De acuerdo con datos revelados en el estudio Lenguaje Digital elaborado por Kaspersky, un 71% de las personas en la Región asegura saber qué es una noticia falsa, pero apenas un 56% afirma que podría reconocerla al encontrarse con ella. Por su parte, un 37% sostiene que solo podría detectar un contenido falso más o menos, mientras que un 7% admite carecer de herramientas para lograrlo.
Esta dificultad técnica adquiere especial relevancia debido a la naturaleza de los entornos digitales por donde transita la información. Un 77% de los consultados que afirman conocer el concepto de desinformación declaró haber estado expuesto a noticias falsas mediante redes sociales durante los últimos doce meses, mientras que un 46% señaló a las aplicaciones de mensajería instantánea como la vía de acceso. En plataformas como WhatsApp o Telegram, así como en redes sociales, la rápida propagación de contenidos descontextualizados suele amplificarse mediante la confianza interpersonal.
El proceso de redistribución de contenidos sin verificación previa otorga una falsa apariencia de legitimidad. Cuando una publicación proviene de un contacto cercano o de un familiar, la tendencia general de los usuarios es disminuir los niveles de prevención y dar por sentado que la información fue revisada previamente. A este factor social se suma la manipulativa explotación de desencadenantes emocionales. Mensajes diseñados con llamados de alerta, sensacionalismo o urgencia buscan inducir reacciones impulsivas antes de dar espacio a la contrastación con fuentes oficiales.
El impacto de la propagación de desinformación excede el ámbito de la opinión pública o la reputación institucional. Organizaciones como el Foro Económico Mundial han calificado a la desinformación en sus reportes de riesgos globales como una de las amenazas de mayor severidad para el desarrollo socioeconómico en el corto plazo. Paralelamente, organismos internacionales y analistas de ciberseguridad señalan que los contenidos engañosos son utilizados de manera recurrente como vector inicial para estafas y ataques informáticos. A través de enlaces maliciosos o suplementos gráficos manipulados, los ciberdelincuentes dirigen a las víctimas hacia sitios de suplantación de identidad para apoderarse de credenciales o concretar estafas financieras.
Frente a esta situación, la especialista senior en seguridad del Equipo Global de Investigación y Análisis para América Latina en Kaspersky, María Isabel Manjarrez, explica que el desafío de las noticias falsas no concluye al identificarlas. La analista enfatiza que detener la retransmisión de contenidos dudosos, consultar fuentes primarias directamente desde el navegador y corroborar la temporalidad o el origen de imágenes y capturas resulta indispensable. Además, recomienda acompañar los hábitos de verificación con medidas técnicas, como el uso de software de seguridad actualizado, la implementación de contraseñas diferenciadas para reducir el costo operativo frente a un ataque y la activación de la autenticación de dos factores en las plataformas digitales.
Fuente: Kaspersky






































