El panorama tecnológico de los últimos años ha transformado radicalmente la forma en que operan las organizaciones, impulsando la digitalización de los servicios pero también elevando el nivel de exposición ante ataques informáticos avanzados.
Con esta premisa, se llevó a cabo el ESET Security Days 2026 en Caracas, un encuentro de referencia regional que reunió a líderes y especialistas del sector para debatir sobre las nuevas dinámicas de protección de datos e infraestructura corporativa.
Una de las participaciones más destacadas de la jornada estuvo a cargo de Camila Oliveira, Channel Manager de la firma, quien expuso una visión estratégica centrada en el comportamiento y el desarrollo de metodologías internas aplicables a cualquier corporación moderna.
El núcleo de la ponencia se enfocó en redefinir el concepto de eficiencia dentro de las organizaciones, argumentando que la resiliencia no depende únicamente de la cantidad de soluciones tecnológicas adquiridas, sino de la adopción de prácticas consistentes. Inspirada en los principios de efectividad corporativa, la ejecutiva planteó que las instituciones preparadas para resistir los embates digitales actuales no son aquellas que esperan pasivamente un incidente para actuar, sino las que logran descifrar con antelación quiénes podrían atacarlas, mediante qué mecanismos y bajo cuáles motivaciones.
Herramientas inteligentes frente a la automatización del delito
La ejecutiva de Mercadeo, resaltó la relevancia de tecnologías avanzadas orientadas a la anticipación, como la inteligencia de amenazas (Threat Intelligence), la cual permite mapear los patrones críticos empleados por las mafias digitales desde el acceso inicial y los movimientos laterales hasta el centrado de la información.
«La implementación de estas capacidades analíticas busca evitar que las corporaciones dependan exclusivamente de alertas secundarias, incentivando un monitoreo constante a través de soluciones de detección y respuesta en los puntos finales (EDR) para verificar la efectividad de los controles y asegurar la protección avanzada de las identidades y de los sistemas de correo electrónico», explicó.
De acuerdo con las directrices compartidas en el encuentro, el diseño de una estrategia de defensa internacional debe priorizar el resguardo de los activos más críticos para garantizar la continuidad de las operaciones, mitigar los impactos en la reputación institucional y cuidar las fuentes de ingreso de las compañías.
En este sentido, instó al entorno empresarial a abandonar la percepción tradicional de la seguridad informática como un costo operativo o un gasto inevitable, y comenzar a proyectarla como una ventaja competitiva real que viabiliza la expansión digital, automatiza procesos y otorga estabilidad a largo plazo.
El factor humano como sensor de la cultura corporativa
Un aspecto neurálgico del discurso estuvo dedicado a la gestión del talento y los procesos internos. La representante corporativa explicó que las empresas deben tratar a sus trabajadores no como eslabones vulnerables o problemáticos, sino como sensores activos y partícipes directos de una cultura de prevención generalizada.
«Debemos ejecutar campañas formativas periódicas que involucren a todo el personal, yendo más allá de la simple entrega de reportes mensuales para enfocarse en el entendimiento profundo de los escenarios reales de riesgo», recomendó.
La ejecutiva concluyó que las organizaciones deben tomar pausas metodológicas para evaluar sus entornos, reformular sus planes de contingencia y afinar sus herramientas antes de que el impacto de una parálisis operativa afecte su viabilidad comercial.
«El verdadero desafío para el sector global radica en trasladar la teoría de los marcos de seguridad a la práctica diaria de manera integrada, convirtiendo la ciberseguridad en un habilitador indispensable de la transformación digital», destacó.
Autor: Clelia Santambrogio, CDOL.




































