Un consorcio tecnológico y académico liderado por la empresa Google, el Departamento de Transportes del Reino Unido y el proveedor de servicios de navegación aérea (NATS) ha puesto en marcha la iniciativa denominada «Operación Blue Skies», un proyecto que busca utilizar la IA para mitigar el impacto ambiental de la aviación comercial mediante la reducción de las estelas de condensación. El programa cuenta con la participación del Met Office, la organización Contrails.org, el Imperial College London y la Universidad de Cambridge.
La investigación contempla una inversión total de 5 millones de libras esterlinas a lo largo de 30 meses, cofinanciada por el gobierno británico a través del programa del Aerospace Technology Institute. Como parte del acuerdo, Google aporta capacidades de ingeniería, modelos predictivos e infraestructura de cómputo valoradas en 1,4 millones de libras esterlinas.
El objetivo central radica en realizar ajustes periódicos a las trayectorias de vuelo para evitar aquellas capas atmosféricas cuyas condiciones de humedad y temperatura favorecen la formación de estelas persistentes. Estos rastros de vapor de agua y partículas de combustión atrapan el calor en la atmósfera. Según datos de la comunidad científica y estimaciones presentadas por Google, este fenómeno representa aproximadamente un tercio del impacto climático total generado por el sector aeronáutico.
Las pruebas operativas se llevarán a cabo en el espacio aéreo oceánico de Shanwick, área encargada de gestionar el tráfico en la porción oriental del corredor del Atlántico Norte. Las estimaciones del proyecto señalan que esta zona específica concentra cerca del 5% del calentamiento global atribuido a las estelas de condensación a nivel mundial. El sistema de IA procesará datos meteorológicos y de tráfico para predecir las zonas de mayor sensibilidad y sugerir pequeñas desviaciones de altitud o ruta a los controladores.
El calendario de la «Operación Blue Skies» contempla ensayos de campo repartidos en dos temporadas invernales entre los años 2026 y 2028, aprovechando los periodos en los que el volumen de tráfico aéreo registra una menor densidad. De acuerdo con análisis previos desarrollados en la industria de la aviación, la alteración puntual de altitud en un porcentaje reducido de vuelos puede reducir considerablemente el efecto invernadero no vinculado a las emisiones directas de dióxido de carbono, aunque esto puede implicar un leve incremento en el costo de combustible en ciertas rutas específicas.
La integración de herramientas tecnológicas en la gestión del espacio aéreo busca comprobar la viabilidad técnica de estas modificaciones en entornos de tráfico real sin comprometer la seguridad ni generar demoras significativas en las operaciones comerciales globales.
Fuente: Web. Editado por CDOL.








































